“El cuaderno dorado” de Doris Lessing

Por Adriana Castillo Flores

Negro, rojo, amarillo y azul. Estos son los colores en los cuadernos que escribe Anna. Cada uno está dedicado a un asunto diferente para evitar que los temas se mezclen y confundan: “Escribo cuatro cuadernos, uno negro, que está relacionado con Anna Wulf como escritora; otro rojo, que trata de política; uno amarillo, en que invento historias basadas en mi experiencia; y otro azul, que intenta ser un diario”.

Anna es una de las “mujeres libres” de esta historia, quienes han elegido experimentar consigo mismas para ser diferentes al rol femenino tradicional que la sociedad espera que cumplan. Y es por esto que Anna se esfuerza para ser auténtica y feliz. Deliberadamente ha decidido ser distinta, romper la forma y los límites impuestos.

Sin embargo, en cada cuaderno aparece la descripción de una Anna incompleta, profundamente insatisfecha y desilusionada. Anna no se reconoce en ellos y es por eso que detesta lo que escribe; pero tal vez de las cenizas y fragmentos de los cuadernos brotará algo esencial y nuevo: El cuaderno dorado.

La novela está anclada en la Inglaterra después de la Segunda Guerra Mundial, donde prevalece la violencia, la discriminación, la pobreza y la enajenación, y en donde los partidarios rojos enfrentan la decepción por las fallas del comunismo.

Este libro es una defensa por la totalidad de la persona, una lucha para evitar su desfragmentación y conseguir un individuo completo, consciente de sí mismo y de la universalidad que le rodea. Es una propuesta para reconocer el fracaso personal y la mediocridad, y no dejarse dominar por ellas.

“El cuaderno dorado” es considerado el libro emblemático de Doris Lessing, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en el 2007. Y aunque ella no gusta de las categorías y clasificaciones, su novela es un símbolo de la liberación femenina, pero sobre todo de la unificación del individuo.


About this entry